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Muestreo de Turba en Manglares del sur del Golfo de California

Los bosques de manglar, ecosistemas tropicales de humedales costeros, son extremadamente amenazados por actividades humanas,1 a escala local a causa del desarrollo, y por el incremento del nivel del mar, a nivel mundial.2 Proporcionan muchos servicios importantes para el ecosistema, incluyendo un hábitat para la crianza de especies de pesquerías,3 protección de las comunidades costeras de los daños de las marejadas,4 madera y ecoturismo.5 Los manglares son altamente productivos6 y contienen más carbono por unidad de superficie que otros bosques tropicales.7 Este secuestro de carbono a largo plazo es el servicio ambiental más importante que los manglares proporcionan a escala global. Los manglares almacenan el carbono en capas profundas de sedimentos ricos en materia orgánica, a lo que se le llama turba. En algunos bosques, se han encontrado depósitos de turba de manglares extendidos por más de 10 m por debajo del suelo y datan hasta más de 10.000 años.8 Sin embargo, se han hecho pocos esfuerzos por utilizar el muestreo y mapeo de la turba de los manglares para cuantificar las reservas de carbono. Mi investigación con el Gulf of California Marine Program propone realizar esta cuantificación para los manglares de México.

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El almacenamiento de carbono bajo tierra puede variar espacialmente. La cuantificación de la cantidad de carbono en los bosques de manglares, por tanto, requiere una cierta comprensión de los procesos geológicos y ecológicos que controlan los flujos de carbono hacia y desde el sedimento. De los muchos factores que pueden controlar el almacenamiento de carbono, me propuse a examinar dos en este estudio: el tamaño del bosque y la ubicación dentro del bosque. Mi hipótesis es que los grandes bosques contienen más carbono por unidad de superficie, ya que probablemente tienen una historia de almacenamiento de sedimentos más larga y más estable, en cualquier lugar determinado. También mi hipótesis es que la zona de la franja ribereña almacenará menos carbono por unidad de superficie que la zona interior del manglar porque las zonas del interior generalmente representan las partes más antiguas del bosque donde se ha producido una cantidad relativamente grande de la acumulación de sedimentos a lo largo del tiempo. Trabajo previo de campo en uno de nuestros sitios de estudio de mangle apoya esta idea.9

En el verano de 2014, mis colegas y yo probamos sedimentos de manglares en los bosques cercanos a la ciudad de La Paz, BCS, en el sur del Golfo de California. Muestreamos en una gama de bosques que variaban en superficie total, y, en cada bosque, tomamos muestras de la orilla y la parte interior del bosque. Aunque nuestro dispositivo de extracción de muestras podría alcanzar hasta 3 m, la profundidad real de muestreo varía de un sitio a otro, ya que el material duro (como la piedra caliza o arena) se resistió al box corer y así marcó la profundidad de cada una de nuestras muestras del núcleo.

Principales hallazgos:

Una mirada a las distribuciones de profundidad de la turba de los manglares en estos bosques sugiere algunas pistas a las preguntas que nos propusimos responder. No parece haber ninguna relación entre el almacenamiento de carbono y la superficie forestal; tanto los bosques grandes y pequeños mostraron gruesas capas de turba, o nada de turba en absoluto. Vale la pena señalar que las distribuciones de turba variaron mucho de bosque en bosque, con algunos que no producían turba a pesar de repetidas muestras, y otros que tenían depósitos muy ricos. Un patrón interesante comienza a emerger en la comparación de las zonas. Grandes depósitos de turba sólo se encuentran en las zonas del interior del bosque, mientras que, en las zonas marginales, los depósitos tienen sólo unas pocas decenas de centímetros de espesor, o son totalmente ausentes. Este patrón apoya a la hipótesis de que las zonas del interior contienen más turba que las zonas marginales y se percibe en nuestra investigación en curso la historia del crecimiento y el almacenamiento de carbono en estos bosques.

  1. Agardi, T., and J. Alder. 2005. pgs. 513–549 in Hassan, R., R. et al., eds. 2005. Ecosystems and Human Well-being: Current State and Trends, Volume 1. Millenium Ecosystem Assessment, U.S.A.
  2. Gilman, E., J., et al. 2007. Environ Monit Asses 124: 104–130.
  3. Aburto-Oropeza, O. et al. 2008. PNAS 105: 10456–10459.
  4. Costanza, R., et al. 2008. Ambio 37: 241–248.
  5. Costanza, R., et al. 1997. Nature 387: 253–260.
  6. Bouillon, S., et al. 2007. Global Biogeochemical Cycles 22: GB2013.
  7. Donato, D. C., et al. 2011. Nature Geoscience 4: 293–297.
  8. McKee, K. L., et al. 2007. Global Ecology and Biogeography 16: 545–556.
  9. Ezcurra, P., and E. Ezcurra. 2014. pers. comm.